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17 dic. 2017

El valor emocional de las cosas


Hola mis queridos amantes del olor a libro nuevo y café!
He estado medio desaparecida estas últimas dos o tres semanas, aunque en realidad eso no es mucha novedad en este blog. A diferencia de mis otras ausencias, esta no se debe a que este estudiando o que tenga un bloqueo lector, esta se debe a que “estoy deprimida”.

Con esto de deprimida, no quiero alertar a nadie, no estoy pasando por un mal momento ni nada súper fuerte que me haga ver la vida de forma oscura, simplemente me he sentido muy triste desde que se me daño mi laptop (Si no estás enterado, es porque no me sigues en twitter)

No estoy triste por el hecho de que se dañó o por la absurda cantidad de dinero que tuve que gastar para arreglarla, sino porque perdí todo un año de información guardada en mi laptop; fotos, videos, documentos, MI TESIS, algunas entradas que estaban por salir a lo largo de diciembre… TODO se perdió, y eso me ha causado una inmensa tristeza.


Este año se ha dedicado a recalcarme lo mucho que valen emocionalmente para nosotros nuestros objetos materiales. Desde el primero de enero me he visto envuelta en esta racha de “mala suerte” en la que he perdido objetos materiales que significaban mucho para mí, no tanto por su valor económico sino por los recuerdos e información que estos objetos poseían.

Sé que suena un poco absurdo el hecho de encariñarse con algo inanimado, pero es que sin darnos cuentas le hemos ido dejando de apoco memorias a ese objeto, pequeños detalles que te remontan a cierta ocasión y le agregan valor a ese objeto.

Un valor incalculable, del que no somos conscientes hasta que perdemos y ya no somos capaces de recuperar aquellos recuerdos.

Sé que fue algo cortita esta entrada,
pero les prometo que volveré pronto.
Que opinan del valor emocional de los objetos?
¡Cuéntamelo en los comentarios!
¡Un abrazo muy grande con olor a café!

Bye bye